ROMPECABEZAS
Los rompecabezas más perversos no tienen esquinas.
Mis Berrinches | Daniel Ulibarri
Explosiones incontrolables
Los rompecabezas más perversos no tienen esquinas.
Hay una emoción común que todos reconocemos y que aún no hemos nombrado: la feliz anticipación de poder sentir desprecio.
No todo sitio donde encajas te guarda, ni todo espacio que te abraza es tuyo. Hay sillas que te ofrecen sin reclamo, y mesas que te invitan como un truco.
Me gusta un terreno plano para construir el próximo pueblo, ciudad, imperio del asco.
La caída no es una derrota, sino el único abrazo sincero que queda. Dios no está en la iglesia ni en la oración, sino en la risa que sigue al colapso de todo lo sagrado.
Mirando hacia adelante: a su dulce suelo. Mirando hacia arriba: ese es el amplio cielo.
Tan sublime como el trueno antes de rematar las estaciones llaman y caen, desde el río de gracia que corre por mis venas hacia atrás de mis penas me tiño de falsa prosperidad.
DESCANZAR EN PAZ. QUEMARLO TODO. EL CASTILLO DE LA MEMORIA EN RUINAS…
Soy piso y tierra en el centro de América donde el presente es el pasado porque la iglesia es el Estado y la misa del domingo es en la cancha de futbol. ¡Aquí soy respetado! Soy parte del ganado en la doble moral del borrego tropical.
Volver a la garganta cortada, al destrozo de los espejos, más las huellas desviadas como quitar y volver a poner…
